28 diciembre, 2019

He llegado, abuela

Los viejos del lugar saben que llevo quince años, si bien muy esporádicamente, escribiendo en éste y otros blogs, y quienes me leen saben también que no suelo hablar de temas personales, no por otra cosa sino porque mi aburrida vida raramente me ofrece algún tema interesante con el que pueda agradar al lector. Sin embargo, hoy es un día especial para mí, y quiero compartirlo con el puñado de amigos que aún os pasáis por aquí de vez en cuando.

Acaban de publicarse los resultados de las oposiciones al cuerpo de inspectores de educación en Extremadura y, sí, ahí está el menda en el grupo de elegidos:


 Me viene ahora el recuerdo de mi abuela, que siempre me decía, con una confianza en mí mismo que nadie más ha tenido: «Hijo mío, hagas lo que hagas, llega siempre a lo más alto. Si no llegas tú, ¿quién va a llegar?»

Desde que me dedico a esto de la enseñanza llevo pensando cuál es el más alto destino en esta profesión, más que nada por darle gusto a mi abuela, que en gloria esté, que a uno de por sí no lo acicatea la ambición. Podría pretender el salto a la docencia universitaria, pero para eso hay que ser listo y, a pesar de todo el coaching educativo que llevo tragado, uno es consciente de sus limitaciones. Podría preparar mi asalto a la cátedra, pero creo que la última vez que tales oposiciones se convocaron en Extremadura aún sonaban en las fiestas del campus universitario Los inlavables y Coup de soup. Podría agenciarme un asiento de asesor técnico, pero, reconozcámoslo, ¿sería, por el mero hecho de dejar la laboriosa tiza, un ascenso entrar a formar parte de un grupo de fútiles lameculos? No, sólo me quedaba el camino del cuerpo de inspectores.

Y aquí estoy, compañeros: inspector de carrera, como dios manda, que el señor se apiade de esos compañeros "accidentales" que en precario gozan de tan alta dignidad. Después de treinta años dejo el aula. Pienso encerrarme en mi despacho de la avenida de Europa y no voy a salir ni a fumar en la escalera de incendios. Una balumba de papeles siempre campeará sobre mi mesa de trabajo. No habrá estándares de aprendizaje evaluables, ni comisiones de servicio, ni programaciones ni horarios que escapen a mi mirada inspectora ni recaben mi rúbrica de bóbilis.

Sí, es aburrido, pero todo lo compensará entrar con mi maletín inquisidor en un centro y ver la cara de espanto que mi presencia causa, la trepidación de las jefaturas de estudios ante mi solicitud apremiante de papeles, el trémulo saludo de los jóvenes profesores en práctica, la lisonjera adulación de directores medradores...

He llegado, abuela. Puedes estar orgullosa de mí.


3 comentarios:

Ana Ovando dijo...

Pues te veo más como asesor para la reforma educativa, a ver si de una vez se impone el latín en 1º de ESO.

mirinda dijo...

Enhorabuena por lo conseguido!��
Se te echará de menos por estos lares....��
Memento Latinitatis hominem esse!
��☘

mirinda dijo...

👏👏👏🤣😂🤣😂🤣😂🤣😂🤣😂
28 de diciembre.....fu, fu, fu.....🤣🤣😂🤣😂🤣😂