¿Qué me decís? ¿Podría valer como prueba de selectividad? Si el texto original es demasiado duro, podríamos recurrir a la versión de Orberg en Roma Aeterna.
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23 julio, 2014
16 mayo, 2014
Métodos, exámenes y engaños
Estuvimos en #MalacaMMXIV , en las X Jornadas de CulturaClásica.com. Lo pasamos bien, como siempre.
Es un placer encontrarse cada año con estos inquietos docentes, siempre a la búsqueda de nuevos caminos para la enseñanza de las lenguas clásicas.
Lo malo de estas jornadas, y me ocurre en cada convocatoria, es que al día siguiente uno vuelve a estar solo en su instituto, frente a sus alumnos y a su selectividad, y las certezas paso a paso se van diluyendo para dejar de nuevo el camino abierto a las incertidumbres.
Mientras conducía de vuelta a casa pensaba en lo jodido que es esto de acertar con el método idóneo para la enseñanza del latín y el griego. Llego a la conclusión de que se trata de una decisión absolutamente personal, que no hay una vía única, que lo más importante es tener ganas de enseñar.
Pero, hagámonos un favor, cuando nos planteemos cómo queremos enseñar, pensemos en lo que puede ser mejor para nuestros alumnos, no en lo que nos gusta a nosotros. Puede que tú seas un fanboy de los análisis hiperbóreos, o que se apodere de ti un deliquio diacrónico al explicar la morfología de velle, pero, créeme, tal vez a tus alumnos no les diga nada y, lo que es peor, puede que tampoco les ayude a entender un texto.
De estas cosas hablábamos en la cena algunos compañeros -¡hasta dónde hemos llegado, queridos frikis!-, de cómo aprendimos y cómo nos gusta enseñar. Yo defendía que quizá el mayor error que cometamos pueda ser enseñar lenguas clásicas para traducir, no para leer, y que eso venía en cierto modo impuesto por el examen de selectividad. Hubo quien dijo que exigir una traducción está bien, que es ir un escalón más allá de la comprensión del texto. Y así es: traducir es un arte, y para eso estudian cuatro o cinco años en la universidad.
Si, al terminar segundo de bachillerato, un alumno es capaz de traducir César, Cicerón, Eutropio, Fedro, Platón, Lisias, Apolodoro o cualquier otro de los autores que figuran en las pruebas de selectividad, ¿para qué necesita estudiar cuatro años de Filología Clásica? ¿No será que estamos engañando a los chicos haciéndoles creer que traducen?, ¿no será que nos estaremos engañando a nosotros mismos al aceptar esas traducciones?, ¿no será que estarán participando del engaño todas las comisiones y correctores de selectividad dando esto por bueno?
Vives, en su De tradendis disciplinis:
No hay una vía única, cierto. Pero pretender que un alumno con apenas trescientas horas de vuelo "traduzca" los clásicos es, creo yo, una baladronada. Creo que hay que buscar otros criterios y fórmulas para evaluar la competencia lingüística en Latín y Griego al finalizar el Bachillerato, criterios y fórmulas flexibles que den cabida a cualquier propuesta metodológica. Y creo que este es un tema clave si queremos que los alumnos sigan optando por estudiar lenguas clásicas.
Lo cierto que es estuvimos en #MalacaMMXIV y disfrutamos. Ana y yo fuimos también a trabajar, pero solo de paso: estuvimos en una mesa redonda hablando sobre Clásicas y TIC, donde también estuvo Álvaro contando su Odisea, y después llevamos unos talleres para los compañeros.
Volveremos.
Es un placer encontrarse cada año con estos inquietos docentes, siempre a la búsqueda de nuevos caminos para la enseñanza de las lenguas clásicas.
Lo malo de estas jornadas, y me ocurre en cada convocatoria, es que al día siguiente uno vuelve a estar solo en su instituto, frente a sus alumnos y a su selectividad, y las certezas paso a paso se van diluyendo para dejar de nuevo el camino abierto a las incertidumbres.
Mientras conducía de vuelta a casa pensaba en lo jodido que es esto de acertar con el método idóneo para la enseñanza del latín y el griego. Llego a la conclusión de que se trata de una decisión absolutamente personal, que no hay una vía única, que lo más importante es tener ganas de enseñar.
Pero, hagámonos un favor, cuando nos planteemos cómo queremos enseñar, pensemos en lo que puede ser mejor para nuestros alumnos, no en lo que nos gusta a nosotros. Puede que tú seas un fanboy de los análisis hiperbóreos, o que se apodere de ti un deliquio diacrónico al explicar la morfología de velle, pero, créeme, tal vez a tus alumnos no les diga nada y, lo que es peor, puede que tampoco les ayude a entender un texto.
De estas cosas hablábamos en la cena algunos compañeros -¡hasta dónde hemos llegado, queridos frikis!-, de cómo aprendimos y cómo nos gusta enseñar. Yo defendía que quizá el mayor error que cometamos pueda ser enseñar lenguas clásicas para traducir, no para leer, y que eso venía en cierto modo impuesto por el examen de selectividad. Hubo quien dijo que exigir una traducción está bien, que es ir un escalón más allá de la comprensión del texto. Y así es: traducir es un arte, y para eso estudian cuatro o cinco años en la universidad.
Si, al terminar segundo de bachillerato, un alumno es capaz de traducir César, Cicerón, Eutropio, Fedro, Platón, Lisias, Apolodoro o cualquier otro de los autores que figuran en las pruebas de selectividad, ¿para qué necesita estudiar cuatro años de Filología Clásica? ¿No será que estamos engañando a los chicos haciéndoles creer que traducen?, ¿no será que nos estaremos engañando a nosotros mismos al aceptar esas traducciones?, ¿no será que estarán participando del engaño todas las comisiones y correctores de selectividad dando esto por bueno?
Vives, en su De tradendis disciplinis:
No hay una vía única, cierto. Pero pretender que un alumno con apenas trescientas horas de vuelo "traduzca" los clásicos es, creo yo, una baladronada. Creo que hay que buscar otros criterios y fórmulas para evaluar la competencia lingüística en Latín y Griego al finalizar el Bachillerato, criterios y fórmulas flexibles que den cabida a cualquier propuesta metodológica. Y creo que este es un tema clave si queremos que los alumnos sigan optando por estudiar lenguas clásicas.
Lo cierto que es estuvimos en #MalacaMMXIV y disfrutamos. Ana y yo fuimos también a trabajar, pero solo de paso: estuvimos en una mesa redonda hablando sobre Clásicas y TIC, donde también estuvo Álvaro contando su Odisea, y después llevamos unos talleres para los compañeros.
Volveremos.
01 junio, 2011
Reunión de la Comisión de Latín para Selectividad en Extremadura
Ayer por la tarde asistí -en calidad de invitado: abandoné hace un par de años mi puesto en este foro- a la reunión de la Comisión del Latín para Selectividad en Extremadura, cuyos coordinadores encontraréis en esta tabla.
Asistí para decir dos cosas:
- Expresar mi queja por lo que a mí me parece un mal funcionamiento de la coordinación. No sé cuántos profesores de Latín de Extremadura leerán este blog, pero me gustaría saber cuántos tienen información actualizada de lo que se hace en esta comisión. Por si no lo sabéis, se ha decidido, entre los siete u ocho miembros de la comisión, cambiar para el curso 2011/2012 los textos de César por Nepote o Eutropio, eliminar el tema de los humanistas extremeños, cambiar las cuestiones de morfología y sintaxis y, hasta esta tarde, eliminar la cuestión de la romanización de Extremadura. Yo me enteré de todo ello hace poco más de un mes y casi por casualidad. Logré finalmente reencontrar, en el maremágnum de la página de la Universidad de Extremadura, el lugar de la Coordinación de Bachillerato. Allí está colgada el acta de 14 de marzo, donde se describen los cambios referidos y se remite a un modelo de examen expuesto en la misma página; no, aún no está expuesto; al parecer para que los torpes profesores de latín no pensemos que los cambios son para el examen de este curso. Aquí tenéis el modelo. La respuesta por parte de uno de los coordinadores fue contundente: la comisión de latín funciona de maravilla y mi queja no tiene fundamento alguno (acto seguido, sin ir más lejos, hubieron de reconocer que no tenían en su poder el documento con las reglas de evolución fonética que entran en el examen, por lo que es frecuente encontrar en los ejercicios de selectividad de los últimos años términos que no se ajustan a dichas reglas). Allá cada cual. A mí me parece que hay medios para dar voz a más gente, como hace por ejemplo la comisión de Filosofía, que tiene un grupo en Google.
- Lo más importante para mí era esta segunda cuestión: propuesta de línea de trabajo para la comisión en el sentido de crear una doble modalidad de examen de latín en selectividad, una vía para los alumnos cuyos profesores siguen el método tradicional de análisis-traducción, y otra para los alumnos cuyos profesores aplican un método activo en el aprendizaje del latín, profesores estos últimos cuyo número crece cada curso -en torno a la mitad de los profesores presentes en la comisión afirmaba utilizar en sus clases el método Orberg-. Hablé, por ejemplo, del National Latin Exam como un camino digno de estudio. Intenté explicar que esta metodología se basa en el acercamiento a una lengua a través del uso de la misma, pero no debí de hacerlo muy bien, ya que el profesor Chaparro dejó claro que “el objetivo del latín no es hablar en latín macarrónico”. En cualquier caso, el profesor Chaparro ofreció el apoyo de la Universidad para organizar encuentros con el objetivo de poner en común lo que se hace en la enseñanza secundaria y en la universitaria, algo que me parece que debemos abordar lo antes posible. Veremos si cuaja.
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