Estuvimos en #MalacaMMXIV , en las
X Jornadas de CulturaClásica.com. Lo pasamos bien, como siempre.
Es un placer encontrarse cada año con estos inquietos docentes, siempre a la búsqueda de
nuevos caminos para la enseñanza de las lenguas clásicas.
Lo malo de estas jornadas, y me ocurre en cada convocatoria, es que al día siguiente uno vuelve a estar solo en su instituto, frente a sus alumnos y a su selectividad, y las
certezas paso a paso se van diluyendo para dejar de nuevo el camino abierto a las
incertidumbres.
Mientras conducía de vuelta a casa pensaba en lo jodido que es esto de acertar con el
método idóneo para la enseñanza del latín y el griego. Llego a la conclusión de que se trata de una decisión absolutamente personal, que no hay una vía única, que lo más importante es tener
ganas de enseñar.
Pero, hagámonos un favor, cuando nos planteemos cómo queremos enseñar, pensemos en lo que puede ser mejor para nuestros alumnos, no en lo que nos gusta a nosotros. Puede que tú seas un
fanboy de los análisis hiperbóreos, o que se apodere de ti un deliquio diacrónico al explicar la morfología de
velle, pero, créeme, tal vez a tus alumnos no les diga nada y, lo que es peor, puede que tampoco les ayude a entender un texto.
De estas cosas hablábamos en la cena algunos compañeros -¡hasta dónde hemos llegado, queridos frikis!-, de cómo aprendimos y cómo nos gusta enseñar. Yo defendía que quizá el mayor error que cometamos pueda ser enseñar lenguas clásicas para
traducir, no para
leer, y que eso venía en cierto modo impuesto por el examen de selectividad. Hubo quien dijo que exigir una traducción está bien, que es ir un escalón más allá de la comprensión del texto. Y así es: traducir es un arte, y para eso estudian cuatro o cinco años en la universidad.
Si, al terminar segundo de bachillerato, un alumno es capaz de traducir César, Cicerón, Eutropio, Fedro, Platón, Lisias, Apolodoro o cualquier otro de los autores que figuran en las pruebas de selectividad, ¿para qué necesita estudiar cuatro años de Filología Clásica? ¿No será que estamos
engañando a los chicos haciéndoles creer que traducen?, ¿no será que nos estaremos engañando a nosotros mismos al aceptar esas traducciones?, ¿no será que estarán participando del engaño todas las comisiones y correctores de selectividad dando esto por bueno?
Vives, en su
De tradendis disciplinis:
No hay una vía única, cierto. Pero pretender que un alumno con apenas trescientas horas de vuelo "traduzca" los clásicos es, creo yo, una baladronada. Creo que hay que
buscar otros criterios y fórmulas para evaluar la competencia lingüística en Latín y Griego al finalizar el Bachillerato, criterios y fórmulas flexibles que den cabida a cualquier propuesta metodológica. Y creo que este es un tema clave si queremos que los alumnos sigan optando por estudiar lenguas clásicas.
Lo cierto que es estuvimos en #MalacaMMXIV y disfrutamos.
Ana y yo fuimos también a trabajar, pero solo de paso: estuvimos en una mesa redonda
hablando sobre Clásicas y TIC, donde también estuvo
Álvaro contando su
Odisea, y después llevamos unos
talleres para los compañeros.
Volveremos.